Sostiene que una expansión “artificial” del crédito, es decir, no respaldada por ahorro voluntario previo y mediante la manipulación a la baja del tipo de interés, tiende a aumentar la inversión y a crear un falso auge económico, dado que los precios relativos han sido distorsionados por la mayor masa de dinero circulante en la economía. Estas inversiones, que no hubieran sido emprendidas de no ser por la mencionada distorsión, sobreutilizan los bienes de capital acumulados, desviándolos a proyectos no rentables -si hubiera imperado el tipo de interés de mercado- y tarde o temprano producirán sobrevaloraciones en algún o algunos activos. Tales burbujas inevitablemente acaban estallando. Cuando la emisión de nuevos medios fiduciarios cesa, las tasas de interés artificialmente bajas se acomodan en su verdadero nivel de mercado, generalmente muy superior al establecido por los bancos centrales dada la escasez de bienes de capital. Esto corta abruptamente el flujo de crédito barato, y las inversiones que parecían rentables con precios inflados ahora dejan de serlo: la crisis estalla y se efectúa la natural liquidación de las inversiones erróneas.
Son algunas diferencias entre ellos dos
Es conocida la diferencia conceptual y teórica entre Hayek y Keynes: para el primero , las libertades individuales son importantes, y una intervención estatal no debería estar encaminada en estimular o desestimular la economía, sino en crear un conjunto de reglas, bajo el cual las decisiones libres cada persona lleven a un resultado socialmente deseable. Para el segundo, una intervención activa del estado por medio de una política macroeconómica anticíclica es necesaria para regular y controlar los ciclos económicos.
Economía keynesiana, o Keynesianismo, teoría económica basada en las ideas de John Maynard Keynes, tal y como plasmó en su libro Teoría general sobre el empleo el interés y el dinero, publicado en 1936 como respuesta a la Gran Depresión en los años 1930.
John Maynard Keynes creador del Keynesianismo.
La economía keynesiana se centró en el análisis de las causas y consecuencias de las variaciones de la demanda agregada y sus relaciones con el nivel de empleo y de ingresos.1 El interés final de Keynes fue poder dotar a unas instituciones nacionales o internacionales de poder para controlar la economía en las épocas de recesión o crisis. Este control se ejercía mediante el gasto presupuestario del Estado, política que se llamó política fiscal. La justificación económica para actuar de esta manera, parte sobre todo, del efecto multiplicador que se produce ante un incremento en la demanda agregada.
Crítica
Su obra de 1930 Tratado sobre el dinero (Treatise on Money) en dos volúmenes fue vista como el mejor trabajo de Keynes por uno de sus más frecuentes oponentes intelectuales, Milton Friedman. Friedman y otros monetaristas han argumentado que los economistas Keynesianos no prestan suficiente atención a la estanflación y otros asuntos inflacionarios.- Friedrich von Hayek hizo una reseña del Tratado sobre el dinero tan dura que Keynes pidió a Piero Sraffa que reseñara —y condenara no menos duramente— el propio trabajo de Hayek. El conflicto Keynes-Hayek fue más que una de las batallas en la guerra entre Cambridge y la Escuela de economía de Londres, fue precursor del enfrentamiento de las dos principales concepciones liberales, contradictorias entre sí, dominantes desde el final de la II Guerra Mundial y hasta la actualidad.
- Ludwig von Mises
- Henry Hazlitt ha escrito un libro llamado El fracaso de las nuevas economías (The Failure of the New Economics), una detallada crítica capítulo a capítulo de la Teoría general de Keynes.[9]
Críticas
Las sugerencias de Keynes han sido objeto de varias tentativas de críticas, algunas de las cuales parecen demostrar no sólo una falta de comprensión de la posición de Keynes sino incluso de conceptos económicos o hechos históricos básicos.Así, por ejemplo, Wilhelm Röpke escribió: “Puede creerse que hay épocas en las que medidas vigorosas para aumentar la oferta monetaria impedirán el desastre; pero una figura científica tan destacada como Keynes no puede impunemente extender el manto de su autoridad sobre la propensión crónica de todos los Gobiernos hacia la inflación. Puede creerse que en ciertas circunstancias un aumento de la deuda pública es el mal menor; pero tal medida temporal no puede impunemente transformarse en principio de carácter general.
A fin, aparentemente, de terminar con esa supuesta impunidad, Röpke alega[45] que “Se puede descubrir en el mecanismo del ahorro problemas que exigen atención especial,... pero no se puede impunemente despojar a los hombres del sentimiento de que es bueno ahorrar, guardar una reserva para ellos y sus familias, en vez de gastarlo todo y después pedir ayuda al Estado –el mayor de todos los gastadores- en épocas de necesidad.” “Keynes acostumbró a una nueva generación a utilizar una lógica económica que gira únicamente en torno a cómo mantener la ‘demanda efectiva’ en la forma más segura al nivel más alto posible, mientras que el verdadero problema de la posguerra era el de cómo frenar a tiempo una prosperidad inflacionista.”[46] “Un hecho de la época de posguerra, tan singular como comprometedor para el keynesianismo,.. La mayoría de los Gobiernos, y quizás la mayoría de los economistas, han adquirido penosamente conciencia de lo inadecuado de las enseñanzas de Keynes para enfrentarse con la inflación crónica de los años de la posguerra;” Röpke concluye: "Saber si las aportaciones de Keynes a la teoría económica y a la técnica económica son correctas y en qué medida lo son, constituirá todavía durante mucho tiempo tema de discusión. Pero que en el nivel superior de la filosofía social y de la ética política estaba completamente equivocado, eso se ve ya con suficiente claridad”.
Para empezar, Röpke parece mal entender la posición de Keynes, quien nunca sugirió -ya sea directa o implícitamente, que se debe o que sería conveniente “despojar a los hombres del sentimiento de que es bueno ahorrar, guardar una reserva para ellos y sus familias”. Por el contrario, y de hecho, Keynes fue tan lejos como a proponer -durante la guerra- un plan de ahorros obligatorio.[47] Más generalmente, y como hemos visto, la sugerencia de Keynes es que el Estado debe intervenir a fin de equilibrar las tasas de ahorro e inversión de forma tal que promuevan el crecimiento económico, utilizando directamente (tomando en préstamo) si es necesario, esos ahorros. Como es obvio, tal propuesta requiere ahorros por parte de “los hombres”, ahorros que, como hemos visto, Keynes consideraba deberían ser obligatorios si las circunstancias lo merecían.[48]
A continuación, no es obvio el por qué Röpke critica las supuestas "medidas vigorosas para aumentar la oferta monetaria " de Keynes. Como debería estar claro, la propuesta central de Keynes es que la demanda controla la producción en un sistema en el cual el valor de la moneda es relativamente estable. Keynes nunca planteó que la solución a los problemas económicos resida única o principalmente en el aumento indiscriminado de la oferta monetaria. Por el contrario, era partidario de mantener la cantidad del circulante dentro de límites determinados por una tasa de interés que favorezca la utilización máxima de los recursos económicos. Eso, en ciertas circunstancias, puede significar el aumento de la cantidad del dinero, En otras, un aumento de la velocidad de circulación del mismo. Pero en aún otras puede significar lo opuesto[49] Lo fundamental, en la opinión de Keynes, es la relación tasa de interés - tasa de ganancia, no la cantidad de circulante. Esa cantidad es sólo uno de los instrumentos para controlar esa tasa[50] y la propuesta de ponerla bajo control estatal es precisamente para lograr ese objetivo: estabilizar esa relación entre las tasas al nivel óptimo.[51]
- ↑ Doctorados Honoris Causa Universidad Francisco Marroquín.
- ↑ Von Mises (1920): "Die Wirtschaftsrechnung im sozialischen Gemeinewsen", recopilado en Collectivist Economic Planing, 1935.
E. Screpanti & S. Zamagni (1993): An Outline of the History of Economic Throught, ISBN 978-0-19-927914-2.
